Esta es una crónica de los primeros 10 días de estancia en la ciudad de Barcelona, la localidad de Sant Sadurní d`Anoia y sus alrededores.
Por Gilber Cao
Día 19. Despedida del amigo y otra visita al centro de Sitges
Ya desde que llegó a Barcelona nos anunció que se iría el lunes bien temprano. Su vuelo a Suecia debía despegar a las 2 de la tarde, pero aún debía estar en el checking a las 11 y media de la mañana. Partió en hora, y nos dejó con el deseo inmenso de volver a vernos otra vez. Y lo hizo por el Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat.

Por otro lado, se hacía demasiado evidente la necesidad de visitar la localidad de Sitges por asuntos personales, pero también de carácter turístico. El municipio de Sitges se encuentra en la comarca del Garraf. Limita al oeste con los municipios de Olivella y Begas, al sur con el de San Pedro de Ribas y Villanueva y Geltrú, al norte con los de Gavá y Castelldefels y al este con el mar Mediterráneo.
Del antiguo pueblo de pescadores llamado Blanca Subur nace la población de Sitges, que es sinónimo de cultura, cuna del Modernismo y la ciudad del cine. Con playas únicas y más de trescientos veinte días de sol al año, sus tradiciones y sensibilidad artística se combinan con museos y palacetes, auténticas joyas arquitectónicas. Es un lugar para descubrir rincones incomparables, para pasear y relajarse junto al mar y para probar una rica gastronomía de tradición marinera. A finales del siglo XVIII, con la promulgación de la ley de libre comercio, muchos habitantes de la villa se aventuraron a hacer fortuna en las Américas, especialmente en las islas caribeñas, entre ellas la de Cuba; que entonces todavía estaba bajo la dominación española. Y una vez de regreso, los llamados indianos (o americanos) readaptaron sus viviendas a las tendencias imperantes del momento en materia arquitectónica.

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